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viernes, 27 de julio de 2012

Annie Besant

(Londres, 1847 - Adyar, 1933) Teósofa inglesa. Recibió una educación privada en Inglaterra, Francia y Alemania, y sobresalió en su afición por las ciencias, especialmente por la Botánica. Divorciada de su esposo Frank Besant, colaboró en el movimiento librepensador de Charles Bradlaugh, con quien dirigió la edición del "National Reformer". Después de militar en los movimientos socialista y laborista, en la Sociedad Fabiana y en la Federación Social Democrática, fue elegida presidenta de la Sociedad Teosófica por dos períodos consecutivos de siete años, desde 1907 hasta 1921. 

Dotada de unas extraordinarias dotes de organización y de una inagotable capacidad de trabajo, recorrió varias veces toda Europa propagando sus ideales teosóficos. Estableció su residencia en la India, donde apoyó los movimientos independentistas de aquel país: presidió el Congreso Nacional indio en 1917, fundó la "Home Rule League" de la India, de la cual fue presidenta en 1916, y fue secretaria de la Convención Nacional de la India. En reconocimiento a su labor en favor de la educación, la Universidad de Benarés le concedió el título de doctora.

Lo que prevalece en el pensamiento de Basant es su convicción teosófica. Para ella, la esencia de la teosofía consiste en el hecho de que, siendo el hombre de naturaleza divina, tiene la capacidad de penetrar la esencia de la divinidad. De ahí se sigue la fraternidad universal entre los hombres. Todo se basa en la unidad de vida: las distintas vidas existentes no son más que expresión de una vida común. 

Los dos dogmas de la teosofía son la reencarnación y el karma. El hombre ha de vivir en una serie de vidas terrestres hasta conseguir la purificación perfecta; toda experiencia terrestre se transforma, en la vida celeste, en facultad intelectual y en conciencia; de esta forma, el niño, cuando nace, trae sus experiencias anteriores convertidas en tendencias y facultades intelectuales. 

El karma es el resultado de la ley de la causalidad: nada de lo que hace el hombre queda sin consecuencias. El hombre recogerá en las futuras encarnaciones lo que vaya sembrando con sus actos. El karma es, pues, la carga que se arrastra como consecuencia de nuestras acciones. Con estas ideas pretendía Besant contribuir a la liberación de las clases desposeídas y a la aparición de una era de prosperidad para los hombres. 

En su basta producción literaria se pueden distinguir dos campos: el filosófico-religioso y los escritos sobre la cultura india. Al primero pertenecen Life, death and immortality (1886), Seven principles of man (1892), In the onter Court (1895), Karma (1895), Path of discipleship (1896), Three paths to union with God (1897), Evolution of life and form (1898), Ancient ideas of modern life (1901), Theosophy and the new psychology (1904), Civilization's Seadlocks and the Keys; Part, present and future (1925) y The new civilization (1927). 

También hizo algunas traducciones, como las obras del alemán Büchner Fuerza y materia y La inteligencia de los animales. En la temática de la cultura india destacan The religious problem in India (1902), Hints on the Bhagavad Gita (1905) y The Wisdom of the Upanishads (1906), entre muchos otros folletos y conferencias. Sus obras fueron traducidas a las principales lenguas europeas, e incluso se fundaron editoriales y sociedades ocultistas para la publicación de las mismas.

Brian Weiss “Almas gemelas”

Hay alguien especial para cada uno de nosotros.
A menudo, nos están destinados dos, tres y hasta cuatro seres.
Pertenecen a distintas generaciones y viajan a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrarse de nuevo con nosotros.
Proceden del otro lado, del cielo.
Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce, porque los ha amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna.
Y en las antiguas llanuras de Mongolia.
Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad.
Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad y nunca nos abandonarán.
Es posible que nuestra mente diga: «Yo no te conozco.» Pero el corazón sí le conoce.
Él o ella nos toman de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser.
Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela a través de los siglos.
El corazón nos da un vuelco.
Se nos pone la piel de gallina.
En ese momento todo lo demás pierde importancia.
Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente nos hayamos encontrado otra vez.
Aunque nosotros sí sepamos quiénes son.
Sentimos el vínculo que nos une.
También intuimos las posibilidades, el futuro. En cambio, él o ella no lo ven.
Sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo que cubre los ojos de su corazón, y no nos permite que se lo retiremos.
Sufrimos y nos lamentamos mientras el individuo en cuestión sigue su camino.
Tal es la fragilidad del destino.
La pasión que surge del mutuo reconocimiento supera la intensidad de cualquier erupción volcánica, y se libera una tremenda energía.
Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato.
Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad, sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona, A un nivel que rebasa los límites de la conciencia, con una profundidad que normalmente está reservada para los miembros más íntimos de la familia. O incluso más profundamente.
De una forma intuitiva, sabemos qué decir y cuál será su reacción.
Sentimos una seguridad y una confianza enormes, que no se adquieren en días, semanas o meses.
Pero el reconocimiento se da casi siempre de un modo lento y sutil.
La conciencia se ilumina a medida que el velo se va descorriendo.
No todo el mundo está preparado para percatarse al instante.
Hay que esperar el momento adecuado, y la persona que se da cuenta primero tiene que ser paciente. Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a un alma gemela.
Sus manos nos rozan o sus labios nos besan, y nuestra alma recobra vida súbitamente.
El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo, hermano, pariente o amigo íntimo.
O puede tratarse de nuestro ser amado que, a través de los siglos; llega a nosotros y nos besa de nuevo para recordarnos que permaneceremos siempre juntos, hasta la eternidad.
Brian Weiss “Almas gemelas

jueves, 26 de julio de 2012

DR. BRIAN WEISS, LA MUERTE NO EXISTE.
"El amor es la respuesta a todo. El amor no es una abstracción, sino una energía de verdad, o un espectro de energías, que puede crear y mantener en su ser, sólo con expresarlo. Empiece a entrar en contacto con Dios en su interior. Sienta el amor, exprese su amor." Los Mensajes de los Sabios, B. Weiss.


Uno de los más famosos Psiquiatras, judío, creyente y practicante de la reencarnación.



Por Ximena Ortiz


Brian Weiss Uno de los más famosos psiquiatras que tratan sobre la regresión estuvo en nuestro país para presentar su nuevo libro "Los mensajes de los sabios". En una serie de conferencias que dedicó a sus seguidores en Chile, restó importancia a esta misteriosa y apasionante terapia, para hablar de amor, compasión y caridad, los principales aspectos que debemos rescatar de cada vida.

Al centrar su trabajo en los temas de reencarnación, la terapia de regresión a vidas anteriores y la reunión de almas gemelas, Brian Weiss se ha convertido en el gurú extraoficial de la reencarnación. El acepta ese apelativo sin problemas, pues sabe por su trabajo diario que todos nos reencarnamos hasta aprender nuestras lecciones y pasar al peldaño siguiente. "Como he enseñado reiteradamente, existen pruebas históricas y médicas de que la reencarnación es una realidad" -señala Weiss- quien en esta oportunidad fue más allá de la reencarnación y la terapia de regresión, para recordarnos que existen otras vías para llegar al despertar espiritual.

"Mi intención es recordarles lo que son el amor y la alegría y enseñarles a incorporarlos a sus vidas ahora, en este estado físico. El conocimiento de las vidas anteriores sigue siendo para mí un valor fundamental, pero comprender, experimentar y expresar el amor, la alegría y la paz interior en mi vida cotidiana se ha convertido en algo más importante." "El descubrimiento de la regresión significó para mí la vía de mi despertar personal, lo cual me llevó al crecimiento y a la comprensión espirituales." En las distintas religiones existentes, siempre está presente la reencarnación como base fundamental para explicar el misterio de la muerte. En el Budismo y en el Hinduismo, la reencarnación es absolutamente explícita. En la religión ortodoxa, se le llama Gil; y en la islámica, Sufi. Por otro lado, tanto en el Judaísmo como en el Cristianismo, se sabía de la reencarnación, hasta que hace pocos siglos, los patriarcas consideraron conveniente rechazarlo. "Hoy en día, yo he dado conferencias en el Vaticano sin ninguna restricción", afirma Weiss.

"Principalmente, es necesario tomar en cuenta que no me baso en ninguna religión para afirmar la veracidad de la reencarnación. Mi enfoque es un enfoque clínico; es lo que he encontrado con mis pacientes. Pienso que todas las religiones son un camino a la verdad, especialmente cuando ellas hablan de amor, perdón y compasión para aceptar a todo el mundo y reconocer la unidad de todas las personas." "Sólo hay una gran religión y esa es el amor. Dios está en cada uno de nosotros, y es esa energía de amor y de sabiduría que está en todas partes y en todo momento. Pienso más en términos de espiritualidad que de religión.

"El alma Nunca Muere"

Lo más importante no es la reencarnación; es que nunca morimos, nuestras almas siguen y hay mucha evidencia de que esto es verdad." "Los cuerpos cambian, pero no el alma. Una y otra vez en las diversas vidas cambiamos de religión, de raza, de condición económica, de apariencia física, porque tenemos que aprender de todos lados. Por eso, es importante no odiar a ningún grupo, porque esa es una forma segura de volver como miembro de éste.

"En eso consiste el karma, un concepto que para Brian Weiss no pertenece sólo a las religiones orientales. "El karma es la responsabilidad por tus acciones. Significa que lo que tú das, es lo que recibes. Es un concepto que está en todas las religiones.