Génesis
6:2 Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre
la faz de la tierra, que viendo los “hijos de Dios” que las hijas de los
hombres eran hermosas.
Génesis 6:4 Había gigantes en la tierra en
aquellos días, y también después que se llegaron los “hijos de Dios” a
las hijas de los hombres y les engendraron hijos.
Quien
pretenda leer ciertas partes de la Biblia en forma literal, estará en
la misma frustrante posición que un ciego en medio de un confuso
laberinto; porque la Biblia, lo mismo que todos los libros sagrados del
mundo, es un complejo sistema de claves simbólicas que resulta difícil
de interpretar, aun incluso para los más estudiosos kabalistas hebreos
dedicados a tan difícil tarea.
El libro del Génesis es uno de los más
complejos en si mismo, pero al mismo tiempo de una reveladora
significación y en el devela la forma en que la ronda de la humanidad
inició, en la escuela llamada planeta tierra, hace más de un millón de
años, el quinto periplo dentro de su largo camino de aprendizaje
espiritual, en un nuevo vehículo heterofísico (imprescindible y
necesario para estar en esta escuela o planeta) el cual acorde con su
estado evolutivo está dotado con una mente emocional más sensible y a la
vez más susceptible de manipular. A este vehículo heterofísico los
sabios esotéricos lo han denominado raza aria, que es la quinta raza o
vehículo heterofísico que hemos utilizado los humanos en la tierra.
Los
dos párrafos del libro del Génesis de la Biblia, que inician este
escrito, hablan de unos seres espirituales diferentes de la raza humana,
y que por ser diferentes y por la importancia de su procedencia, han
sido llamados hijos de Dios.
Estos seres espirituales especiales,
iniciaron un ciclo de encarnaciones en la escuela o planeta tierra ya
hace miles de años con objetivos e intereses muy enigmáticos para los
seres humanos.
Este ciclo de encarnaciones se ha venido dando, desde hace miles de años, hasta la actualidad.
Estos
seres espirituales, llamados en el Génesis “hijos de Dios” son
originarios (espiritualmente por supuesto) de una dimensión muy
diferente a la de donde proceden los seres humanos; por ello cuando
encarnan en la tierra tienen algunas capacidades especiales consideradas
paranormales.
Un grupo importante de ellos encarna (como lo devela
génesis 3: 4-24) para manipular a los humanos mediante el engaño; a
estos seres se los ha conocido como los ángeles caídos, también los han
denominado “guerreros de las sombras” y caminantes del segundo sendero.
Este
grupo de seres aunque pertenecen al mismo orden creacional y fueron
destinados a tener un comportamiento evolutivo espiritual similar,
tomaron un camino diferente al establecido y por ello se dice que no
están dentro del plan concebido por Dios.
Otro grupo pequeño pero muy
importante de estos seres, han encarnado como “defensores” de la raza
humana. Estos seres, aunque siguen dentro del plan divino, tomaron la
decisión de salir de su escuela evolutiva o dimensión de evolución y
asumieron la tarea de tratar de solucionar los problemas que se han
creado en ciertos sectores de la creación por las decisiones erradas de
quienes decidieron no seguir el plan divino.
Ahora, aclararemos un poco sobre quiénes son los seres a quienes el génesis llama Los Hijos De Dios
Ellos
son entidades espirituales emanados del rayo de luz primigenio, hechos
de la mente divina primordial, a los cuales se les proporcionó, dentro
del plan divino, la posibilidad de crecimiento espiritual mediante el
conocimiento logrado a través de la experimentación, por lo cual fueron
dotados de libre albedrío y condicionados a la ley del karma o causa y
efecto.
Todo ser existente en cualquier dimensión, es en principio un
punto de luz, no física por supuesto (La luz física es tan sólo un
“holograma” de la luz astral verdadera) lleno de poder mental y
“energía” creacional.
A medida que el ser evoluciona, crece el poder
mental y la “energía” creacional y esto hace que su luz crezca en
intensidad y se torne más resplandeciente y más intensa. Esto hace que
alcance fases ínter-dimensionales y a medida que asciende en la escala
dimensional, su “divinidad” gana fuerza.
La creación total es una
insondable e inimaginable escala dimensional y para dar una idea de cuan
insondable e inimaginable resulta, basta hacer el ejercicio de tratar
de imaginar el universo en el que estamos. Vivimos en el planeta tierra
que gira en torno al sol, el cual es uno más de los millones de sistemas
solares que giran alrededor de un centro en la vía Láctea, nuestra
galaxia, que es una más de las millones que giran alrededor de otro
centro más grande aun. Esto ya resulta complejo de imaginar.
Ahora,
si lográramos dar un vistazo a la realidad de la creación total, nos
deslumbraríamos al darnos cuenta que nuestro universo visible es tan
sólo la tercera dimensión y son varias las dimensiones que conforman
toda la creación. Entonces vemos lo difícil que resulta comprender, para
nuestra pequeña mente, el plan maestro del creador, quien “trabaja” en
su creación y posibilita que planetas como la tierra sean zonas
experimentales donde seres evolucionados pueden “cocrear” según su
capacidad de evolución.
Desde los llamados “pitris creadores”,
quienes dieron formación a toda la experiencia de vida terrestre,
pasando por las fases intermedias de seres que han generado toda la
tecnología a través de la historia de la tierra, la misma ronda de la
raza humana y todos los grupos devánicos que hay en nuestro planeta,
todos son seres evolucionando para desarrollar su capacidad de poder
creativo.
Desde experiencias pequeñas, como un nido hecho por la
ronda devanica de las aves, medianas como la construcción de una gran
ciudad hecha por la raza humana, hasta la prodigiosa e inimaginable
(para los seres humanos) creación total, toda creación es una forma de
experiencia retroalimentadora para evolucionar y aumentar el poder de
cada ser que existe dentro de la creación.
Y toda creación es
producto del conocimiento. Sin conocimiento no hay creación. Y, de igual
manera que un cuadro enriquece de conocimientos a quien lo pinta, de la
misma manera toda creación es una forma de enriquecimiento de
“conocimientos esenciales” para cada ser.
La divinidad a la que
llamamos DIOS, que es el máximo creador, denota tres facultades
primordiales. Crea, conserva y destruye. Tres palabras o logos
manifestados en una sola unidad. Uno en tres o tres en uno. El versículo
1:26 del Génesis alude simbólicamente a esta realidad: <<Entonces
dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza >>.
Esos
tres poderes sintetizados en uno, se mantienen como un legado dado por
un padre a sus hijos y es por ello que se evidencian como algo
“tangible” en la fuerza “lumínica” de cada ser que existe en la creación
y caracterizan o denotan su evolución, lo cual determina su capacidad
de poder mental o su fuerza creadora.
Que es esta fuerza “lumínica”?
Hemos
dicho que todo ser es un punto de “luz” originario, primordial,
autentico, único, imperecedero e inmortal, constituido (al igual que el
padre) por una fuerza o poder que es el trino logos creador, conservador
y destructor. Esta es la realidad de todo ser espiritual y en ello
radica su poder de creación, de conservación y de destrucción.
Así
como reconocemos al cuerpo físico de un ser humano como su realidad
tangible, de la misma manera para el ser espiritual el “punto de luz” es
su realidad tangible y en él se encuentra la esencia “mental” de la
existencia de ese ser.
Ese “punto de luz”, para los que lo pueden
ver, se observa como una pequeña esfera de luz, la cual en los seres
humanos se encuentra separada del cuerpo a unos cinco centímetros de la
parte central de la espalda, lugar correspondiente al chakra solar o
Manipura.
Este punto de luz origina el holograma energético que
determina la forma, disposición y procesamientos Karmicos ya sean
mentales, emocionales o físicos, del vehículo heterofísico que ocupamos y
que denominamos de manera razonable con el nombre de, cuerpo humano.
Aclaración
importante es la de que siempre el holograma energético es perfecto,
pero las manchas oscuras generadas por el Karma, distorsionan el
holograma generando imperfecciones, ya sea mentales, emocionales o
físicas.
Ese punto de luz genera un resplandeciente aura de un color
particular, color que es determinado por las condiciones evolutivas,
kármicas, mentales y emocionales de cada ser.
La evolución determina
también la distancia que abarca ese resplandor, aura o fuerza
“lumínica”. En los seres encarnados en la tierra puede diseminarse en
distancias entre dos y siete metros (que es lo normal para la mayoría de
seres humanos) hasta alcanzar miles de kilómetros cuando se trata de
seres especiales.
Ese resplandor lumínico es fuerza, es “magia”, es
poder. Entre más intenso sea ese resplandor y más lejana llegue su
luminosidad, más intenso es su fuerza, poder y “magia”.
La forma en
que se hace crecer en intensidad ese poder lumínico es, como dijimos
antes, mediante el conocimiento. Pero no un conocimiento cualquiera.
La
intensidad del poder lumínico crece a través del conocimiento
sintetizado mediante la práctica de los arquetipos de los ideales, o las
formas perfectas de las “fuerzas” o “poderes” de creación, conservación
y destrucción. Mencionaré tres de esos arquetipos. FE, AMOR, VOLUNTAD.
Los egipcios antiguos decían que el alma debía aprender 49 arquetipos.
Siete veces siete como los estados de conciencia, los colores del arco
iris, los chacras rectores, las notas musicales y las dimensiones de la
creación.
Así, al perfeccionarnos en esos arquetipos de ideales,
nuestro punto de luz y nuestro estado mental crece en intensidad,
fuerza, poder y “magia”.
Lo que descubrieron los seres que se
apartaron del plan divino y que por esto se les ha denominado ángeles
caídos, es que existe otro método para acrecentar su intensidad de luz y
con ello su poderes mental, creacional y energético, sin necesidad de
“desgastarse trabajando” en el aprendizaje de los arquetipos de los
ideales.
Ellos descubrieron que podían arrebatar la luz de otros
seres y así de esta manera hacerla suya, para acrecentar su poder mental
y luz de fuerza y “magia”.
Y como lo hacen? Aprovechan razas de
seres que por su estado evolutivo tengan un estado de conciencia
evolucionado, pero al mismo tiempo tengan un cuerpo emocional inmaduro.
Por
ejemplo la raza humana pasa por tener una conciencia evolucionada pero
que no ha logrado evolucionar su cuerpo emocional y por ello son
tremendamente inestables emocionalmente y en consecuencia muy
susceptibles a ser manipulados.
La táctica que emplean es EL MIEDO.
El miedo incide sobre el cuerpo mental y emocional haciendo que el huevo
áurico luminoso se abra, dejando escapar su poder lumínico y de esta
manera, al igual que vampiros estos seres, succionan esa luz, para de
esta manera acrecentar su propio poder creacional y lumínico.
Como explicamos antes, a estos seres dentro del mito religioso occidental les dicen ángeles caídos.
Sí.
Los llamados ángeles caídos son seres que tomaron la decisión de
“evolucionar” como cocreadores y acrecentar su poder, en base al
vampirismo energético.
Ahí está la explicación real de lo que la película MATRIX ha mostrado simbólicamente a la humanidad.
La
película tiene como argumento, que maquinas o robots o programas
tecnológicos pensantes, mantienen a los seres humanos cautivos
creándoles un “sueño” inducido para poder chuparles la energía con la
cual ellas poder seguir existiendo.
En la película es energía química
lo que extraen a los seres humanos y por ello los seres humanos son
comparados a baterías de energía.
En la realidad del mundo espiritual
al que pertenecemos es energía creacional lumínica de poder y magia
evolutiva la que es extraída a los seres humanos por parte de este grupo
de seres llamados seres de oscuridad que con toda clase de subterfugios
dominan a la humanidad para sus siniestros fines.